Llegamos con dos minutos de margen, entramos y cerraron las puertas. Veinte personas en total, y contándonos a nosotras la media no bajaba de los setenta. Nos dan un programa y leemos:
"Concierto de las siete y media. Barítono y Órgano.
<< Serio y muy serio>>
Johannes Brahms: Cuatro cánticos serios, op. 121
Recital de órgano: Oh, Tristeza / Oh, dolor del Alma
Gustav Mahler: 5 Canciones a los niños muertos"
(...)
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... y tan serio que era el concierto. Yo leía la letra (nos la dieron, pero no para hacer karaoke) y pensaba "malo, muy malo, hablar de estos temas y a estas edades...", muchas manos inquietas, mucho restregarse los ojos. Y el momento cumbre llegó durante la canción final de Mahler, en la que el compositor se pregunta a sí mismo: "<< ¿hubiese yo dejado salir a mi chiquilla con el frío que hacía fuera? >> pero ¡oh! no debo angustiarme con estas preguntas, siendo ya tarde" .............. la voz del barítono era impresionante, pero salimos las dos con un mal cuerpo...
| ... los efectos del concierto lúgubre... |
| Tercera juventud züriquesa |
Deja de hacer espacapadas a escondidas a Rávena, y luego intentar colárnosla!
ResponderEliminar¡lo que me hubiese gustado! ¿me llevas? biiiitte!
ResponderEliminarEl biiite te lo llevas tú. ¿Me tomas por tu camarero particular? lo cual me recuerda a una escena sobre un camarero y un perrito caliente, de una película, de ese actor que ganó dos oscar seguidos entre 1993 y 1994, en la que aparecía un burro...
ResponderEliminarPero qué chuuungooooooooooo........y con la aprensión que tienes tú a esas cosas!!!!Te acuerdas del "pintoresco" campamento de Liendres y sus tranquilos vecinos???Jaaajajajajaja
ResponderEliminar... Ay, Evita, y peor. Jo, es verdad, menos mal que no me acordé de aquella noche... aunque curiosamente hoy he dormido de pena... :S
ResponderEliminarJajaja, pero cómo te conozco, pequeña Ire, cómo te conozco ;-)
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